El espíritu emprendedor puede transmitirse entre generaciones

El espíritu emprendedor puede transmitirse entre generaciones

Por una razón, ser propietario de un negocio es una tarea que puede realizarse en familia. Esta característica tiene una enorme importancia para comprender por qué el emprendimiento parece concentrarse, en determinadas ocasiones, dentro de ciertas familias y transmitirse de una generación a otra. Un negocio no constituye solamente una fuente de ingresos ni una organización económica abstracta. También puede convertirse en un ambiente de aprendizaje, en un espacio de convivencia y en una experiencia cotidiana que permite a niños, adolescentes y adultos observar directamente cómo funciona la creación y administración de una actividad productiva. Una persona que crece en una familia emprendedora puede aprender, incluso antes de comprender formalmente conceptos económicos, que una empresa no es una realidad inaccesible reservada para individuos extraordinarios. Puede observar que las empresas son creadas y dirigidas por personas comunes que identifican necesidades, toman decisiones, enfrentan dificultades y desarrollan soluciones.

Esta experiencia temprana puede modificar profundamente la percepción psicológica de lo que es posible. Para una persona que nunca ha tenido contacto cercano con alguien que posee una empresa, el emprendimiento puede parecer un acontecimiento lejano, complejo y reservado para individuos con recursos excepcionales. Puede imaginar al empresario como una figura distante. Sin embargo, para quien creció observando a un padre, una madre, un hermano mayor, un abuelo o un amigo cercano de la familia administrar un negocio, la realidad puede ser completamente diferente. El emprendimiento deja de ser una idea abstracta y se transforma en una actividad humana concreta. La persona observa que alguien cercano compra productos, atiende clientes, resuelve problemas, paga gastos, contrata trabajadores y toma decisiones. En consecuencia, el acto de crear una empresa puede parecer más imaginable y, por lo tanto, más alcanzable.

Este fenómeno demuestra la importancia de los modelos de referencia. Los seres humanos no aprenden exclusivamente mediante instrucciones directas. Una gran parte del aprendizaje ocurre a través de la observación. Desde la infancia, las personas prestan atención a las conductas de quienes las rodean, especialmente cuando esos individuos poseen importancia emocional o social. Un niño puede observar durante años cómo un familiar trabaja, habla sobre sus clientes, enfrenta una dificultad económica o encuentra una nueva oportunidad. Aunque nadie le imparta una clase formal sobre emprendimiento, está recibiendo información continua acerca de lo que significa participar en una actividad económica independiente.

Cuando un padre, una madre o cualquier otra figura cercana posee un negocio, el niño puede observar algo especialmente importante: la relación entre una idea y una acción. Puede descubrir que las oportunidades no siempre aparecen completamente formadas. Con frecuencia, deben ser identificadas y desarrolladas. Puede observar que los problemas no siempre tienen una solución previamente establecida y que, en determinadas circunstancias, es necesario crear una respuesta nueva. Esta exposición prolongada puede favorecer la formación de una mentalidad orientada hacia la iniciativa, la resolución de problemas y la autonomía.

Quizás alguien en la niñez, como un padre, una madre, un hermano mayor o un amigo cercano de la familia, sirvió como modelo a seguir. La influencia de esta persona puede ser enorme porque modifica aquello que el individuo considera normal. Cuando una conducta forma parte habitual del entorno, disminuye la percepción de extrañeza que produce. Un niño que crece observando profesionales que trabajan exclusivamente como empleados puede considerar natural que el desarrollo profesional consista en buscar un puesto dentro de una organización ya establecida. Por el contrario, un niño que observa a familiares crear y administrar negocios puede incorporar la posibilidad de trabajar por cuenta propia como una alternativa profesional normal.

Esta diferencia parece sencilla, pero posee consecuencias profundas. La conducta humana está influida no solamente por las capacidades reales de una persona, sino también por las posibilidades que esa persona considera disponibles. Es difícil elegir un camino que nunca se ha visto recorrer a nadie. Por esta razón, la presencia de un modelo emprendedor puede ampliar psicológicamente el conjunto de opciones imaginables. La persona aprende que, además de solicitar empleo, también puede crear una actividad económica. Aprende que una carrera profesional no siempre requiere integrarse en una estructura diseñada por otros. También puede consistir en construir una estructura propia.

Los modelos familiares proporcionan, además, conocimiento práctico. Muchos propietarios de pequeñas empresas que crecieron en familias propietarias de algún negocio trabajaron en él antes de poner en marcha sus propios proyectos. Esta experiencia puede ofrecer una ventaja importante porque permite aprender en condiciones reales. Una persona puede comenzar realizando tareas sencillas y, progresivamente, observar aspectos más complejos del funcionamiento de la empresa. Puede aprender cómo se relaciona un negocio con sus clientes, cómo se administra el dinero, cómo se enfrentan los problemas cotidianos y cómo las decisiones aparentemente pequeñas pueden producir consecuencias importantes.

El conocimiento adquirido en este contexto no siempre es explícito. En ocasiones, las personas aprenden procedimientos sin ser capaces de explicar formalmente cómo los aprendieron. Un joven puede observar durante años la manera en que un familiar conversa con los clientes y posteriormente reproducir determinados patrones de comunicación. Puede aprender a identificar cuándo una persona está interesada en un producto, cómo negociar, cómo resolver una queja o cómo reconocer una oportunidad comercial. Estas competencias pueden acumularse gradualmente y convertirse en una forma de conocimiento práctico que posteriormente facilita la creación de una empresa propia.

La familia puede proporcionar también acceso temprano a una red de relaciones. Un negocio rara vez funciona de manera completamente aislada. Necesita clientes, proveedores, colaboradores, asesores y otras personas capaces de proporcionar información y recursos. Quien crece dentro de una familia emprendedora puede entrar en contacto con estas redes antes de iniciar su propio proyecto. Puede conocer personas que trabajan en determinados sectores, comprender cómo se establecen relaciones profesionales y aprender la importancia de la reputación. Esta ventaja no significa que el éxito esté garantizado, pero puede reducir algunas de las barreras iniciales que enfrenta una persona que intenta comenzar completamente sola.

Sin embargo, la influencia familiar no puede explicarse únicamente mediante el aprendizaje y el ambiente. También existe evidencia de que determinadas características psicológicas relacionadas con la conducta emprendedora poseen una contribución genética. Este punto requiere una explicación cuidadosa. No existe un único gen que convierta automáticamente a una persona en emprendedora. El emprendimiento es una conducta compleja y resulta de la interacción entre numerosas características biológicas, psicológicas, sociales, económicas y culturales. Por lo tanto, sería científicamente incorrecto afirmar que una persona está genéticamente destinada a crear una empresa.

Lo que sí puede existir es una influencia genética sobre ciertos rasgos que, combinados con determinadas circunstancias ambientales, aumentan la probabilidad de desarrollar comportamientos compatibles con la actividad emprendedora. La investigación sobre genética del comportamiento ha demostrado que muchas características psicológicas presentan un grado de heredabilidad. Esto significa que parte de las diferencias observadas entre individuos puede relacionarse con diferencias genéticas. Entre las características potencialmente relevantes para el emprendimiento se encuentran ciertos aspectos de la personalidad, la tendencia a buscar experiencias nuevas, la tolerancia al riesgo, la actividad, la persistencia, la orientación hacia la autonomía y la sensibilidad frente a las recompensas.

Ninguna de estas características produce por sí sola un emprendedor. Una persona puede poseer una gran tolerancia al riesgo y nunca crear una empresa. Otra puede sentir una intensa necesidad de autonomía y decidir trabajar de manera independiente sin convertirse en propietaria de una organización. Otra puede tener una personalidad altamente innovadora y desarrollar esas capacidades dentro de una institución científica, tecnológica o cultural. La genética no proporciona un destino profesional específico. Puede influir en ciertas predisposiciones, pero el resultado final depende de la interacción con el ambiente.

Por esta razón, cuando se afirma que existe una fuerte conexión entre el espíritu emprendedor y la genética, es necesario evitar una interpretación determinista. La herencia genética puede contribuir a la aparición de características que faciliten determinadas conductas, pero no determina inevitablemente que una persona emprenda. Entre una predisposición biológica y la creación de una empresa existe una enorme cantidad de factores. Son importantes la educación, la cultura, la situación económica, las oportunidades disponibles, las experiencias de fracaso y éxito, las relaciones personales y las decisiones individuales.

La relación entre genética y emprendimiento debe comprenderse, por lo tanto, como una interacción entre naturaleza y ambiente. Una persona puede heredar ciertas tendencias y desarrollarlas de maneras completamente diferentes según las circunstancias en las que crezca. Una predisposición hacia la búsqueda de experiencias nuevas puede expresarse mediante viajes, investigación científica, actividades artísticas o emprendimiento. La tolerancia al riesgo puede manifestarse en múltiples áreas de la vida. La capacidad genética solamente adquiere significado dentro de un contexto que permite, limita o dirige su expresión.

Aquí aparece uno de los fenómenos más interesantes: la misma familia puede transmitir simultáneamente genes y ambiente. Un padre emprendedor puede transmitir determinadas características biológicas a sus hijos, pero también les proporciona un entorno en el que el emprendimiento se observa directamente. Esta coincidencia hace que sea particularmente difícil separar completamente la influencia genética de la influencia ambiental. Un niño no solamente puede heredar ciertas predisposiciones de un padre emprendedor; también puede aprender de él, observar su conducta, participar en el negocio y desarrollar una visión particular sobre el trabajo y la independencia.

Esta doble transmisión puede producir una poderosa acumulación de influencias. La persona puede crecer con determinadas características individuales y, al mismo tiempo, dentro de un ambiente que enseña cómo utilizar esas características. Puede poseer una tendencia hacia la autonomía y observar diariamente a un familiar que administra su propio trabajo. Puede tener una elevada curiosidad y crecer en un entorno donde constantemente se habla de nuevos productos, clientes y oportunidades. Puede sentirse cómoda tomando decisiones y observar que las decisiones empresariales constituyen una parte cotidiana de la vida familiar.

Por esta razón, es probable que en algunas familias aparezcan varios emprendedores durante diferentes generaciones. No porque exista una “molécula del empresario” ni porque el futuro profesional esté escrito de manera irreversible en el ácido desoxirribonucleico, sino porque pueden coincidir múltiples mecanismos de transmisión. Se transmiten predisposiciones biológicas, conocimientos prácticos, modelos de conducta, valores, contactos, oportunidades y una determinada manera de interpretar la realidad.

En otras palabras, cuando se afirma que el espíritu emprendedor puede estar en el ácido desoxirribonucleico, la afirmación debe entenderse como una metáfora parcialmente correcta, pero científicamente incompleta. El ácido desoxirribonucleico puede contribuir a determinadas predisposiciones, pero el espíritu emprendedor no reside en un solo gen. Se desarrolla mediante una compleja interacción entre múltiples influencias. La genética puede proporcionar ciertas tendencias; la familia puede mostrar cómo se comportan esas tendencias en la práctica; la sociedad puede ofrecer o limitar oportunidades; y la persona, finalmente, toma decisiones.

Esta interacción permite comprender por qué dos hermanos pueden crecer en la misma familia y seguir caminos completamente diferentes. Aunque compartan una parte importante de su material genético y hayan sido expuestos a un entorno semejante, sus experiencias no son idénticas. Cada uno puede relacionarse de manera diferente con sus padres, poseer intereses particulares, interpretar las experiencias desde perspectivas distintas y encontrarse con oportunidades diferentes. Uno puede continuar el negocio familiar, otro puede crear una empresa en un sector completamente nuevo y otro puede elegir una profesión dentro de una organización establecida.

Por lo tanto, crecer en una familia emprendedora aumenta determinadas posibilidades, pero no obliga a continuar la tradición. Ser propietario de un negocio puede ser una actividad que se realiza en familia incluso cuando algunos de sus integrantes no continuarán trabajando permanentemente en la empresa. Esta posibilidad es importante porque la experiencia familiar puede tener valor independientemente del destino profesional final. Un hijo puede trabajar durante su juventud en el negocio de sus padres, aprender sobre responsabilidad, servicio, organización y toma de decisiones, y posteriormente utilizar esos conocimientos en una profesión completamente diferente.

El aprendizaje emprendedor puede ser transferible. Una persona que trabajó en una empresa familiar puede no convertirse nunca en propietaria de un negocio, pero haber adquirido competencias útiles para dirigir proyectos, resolver problemas, comunicarse con otras personas y asumir responsabilidades. La exposición temprana al funcionamiento de una organización económica puede influir en la conducta profesional incluso cuando el individuo elige una trayectoria distinta.

Además, la familia puede enseñar una lección fundamental acerca del riesgo. Una persona que observa de cerca a un emprendedor descubre que el fracaso no necesariamente significa el final definitivo. Puede observar cómo un problema se analiza, cómo una estrategia se modifica y cómo una dificultad obliga a encontrar nuevas soluciones. Esta experiencia puede producir una relación diferente con la incertidumbre. El individuo aprende que es posible equivocarse y continuar. No porque las pérdidas carezcan de importancia, sino porque descubre que los problemas pueden ser enfrentados mediante conocimiento, adaptación y trabajo.

Este aprendizaje psicológico puede ser uno de los legados más importantes de una familia emprendedora. La confianza necesaria para iniciar un proyecto no surge necesariamente de creer que todo saldrá bien. Puede surgir de una convicción más realista: aunque no todo salga bien, probablemente será posible aprender, adaptarse y encontrar otra manera de avanzar. Esta confianza es diferente de la certeza absoluta. Es una forma de confianza en la propia capacidad para responder ante circunstancias cambiantes.

También es importante comprender que el emprendimiento familiar posee una dimensión cultural. Las familias transmiten ideas acerca de lo que consideran deseable, respetable y posible. En algunas, el trabajo independiente puede ser considerado una expresión de libertad y responsabilidad. En otras, la estabilidad dentro de una organización puede ser percibida como el objetivo profesional principal. Ninguna de estas visiones es universalmente correcta o incorrecta. Cada una refleja experiencias, valores y condiciones particulares.

Cuando una familia posee una historia empresarial, los niños pueden escuchar relatos sobre cómo comenzó el negocio, qué dificultades existieron y cómo se superaron determinados problemas. Estas narraciones pueden convertirse en una forma de memoria colectiva. El emprendimiento adquiere un significado histórico dentro de la familia. La empresa deja de ser solamente una fuente de ingresos y puede transformarse en un símbolo de esfuerzo, independencia y continuidad entre generaciones.

Sin embargo, esta herencia también puede producir presión. Un hijo de emprendedores puede sentir que debe continuar el negocio familiar incluso cuando posee intereses diferentes. Esto demuestra nuevamente que la tradición no debe convertirse en determinismo. El hecho de que una persona haya crecido dentro de una familia propietaria de empresas no significa que esté obligada a reproducir exactamente el mismo camino. La función más saludable de la experiencia familiar consiste en ampliar las posibilidades, no en limitar la libertad individual.

Quizás una de las mayores ventajas de crecer en un entorno emprendedor sea comprender que la creación de un negocio constituye una posibilidad humana y no un misterio reservado para unos pocos. La persona observa el proceso desde dentro. Descubre sus dificultades, pero también su carácter concreto. Comprende que una empresa comienza mediante decisiones pequeñas y acumulativas. Nadie posee inicialmente todas las respuestas. Se aprende, se cometen errores, se corrige y se continúa.

Esta normalización del emprendimiento puede tener consecuencias profundas. Aquello que se observa repetidamente deja de parecer imposible. Si un niño ve que su madre o su padre administran un negocio, puede llegar a pensar: “Esto es algo que una persona puede hacer”. Esta frase aparentemente simple puede modificar completamente la relación psicológica con el futuro.

La presencia de un modelo cercano también puede influir en la percepción de la autoeficacia. La autoeficacia consiste, en términos generales, en la creencia de una persona sobre su capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias para enfrentar determinadas situaciones. Observar a alguien semejante a uno mismo realizar una actividad puede fortalecer la percepción de que esa actividad también puede ser aprendida. Si una persona ve que un familiar comenzó con recursos limitados y fue adquiriendo conocimientos gradualmente, puede comprender que la competencia no siempre existe desde el inicio. Puede desarrollarse.

Esta es una de las razones por las cuales los modelos de referencia poseen tanta importancia. No solamente muestran qué hacer; también muestran que aprender es posible. Un niño puede descubrir que un adulto no nació sabiendo administrar una empresa. Puede observar que las habilidades se desarrollaron mediante experiencia. Esta comprensión reduce la percepción de distancia entre la situación actual y una posible situación futura.

Por supuesto, crecer en una familia sin antecedentes empresariales no impide convertirse en emprendedor. La historia está llena de personas que crearon organizaciones sin haber tenido familiares propietarios de negocios. Los modelos de referencia también pueden encontrarse fuera de la familia. Un profesor, un amigo, un empleador, un empresario conocido o incluso una comunidad profesional pueden proporcionar ejemplos capaces de modificar las aspiraciones de una persona. La genética tampoco constituye una condición obligatoria. El emprendimiento puede aparecer en individuos sin antecedentes familiares evidentes.

La presencia de antecedentes familiares aumenta una probabilidad, pero no establece un destino.

La verdadera explicación del espíritu emprendedor se encuentra en la interacción. Una persona nace con determinadas predisposiciones, pero también nace dentro de un ambiente. Aprende de las personas cercanas, interpreta sus experiencias y desarrolla intereses propios. Posteriormente, entra en contacto con oportunidades y obstáculos que pueden modificar nuevamente su trayectoria. Finalmente, toma decisiones. Algunas de esas decisiones conducen hacia el emprendimiento y otras hacia caminos profesionales completamente diferentes.

En este sentido, quizá sea más correcto afirmar que el espíritu emprendedor puede estar simultáneamente en la biología, en la memoria familiar y en la experiencia cotidiana. Puede encontrarse parcialmente en las predisposiciones heredadas, pero también en las conversaciones escuchadas durante la infancia, en las horas trabajadas dentro de un negocio familiar, en los problemas observados y en el ejemplo de alguien que decidió crear algo propio.

Un padre emprendedor puede enseñar sin pronunciar una sola lección formal. Su hijo puede aprender observando cómo abre el negocio cada mañana, cómo responde ante un cliente difícil, cómo enfrenta una pérdida y cómo continúa trabajando después de un día complicado. Puede aprender que la independencia no significa ausencia de responsabilidad, sino una mayor responsabilidad sobre las propias decisiones. Puede aprender que crear una empresa exige imaginación, pero también disciplina. Puede comprender que la libertad posee un costo y que ese costo consiste en aceptar la incertidumbre.

Así, muchos propietarios de pequeñas empresas que crecieron dentro de familias emprendedoras pueden haber recibido una ventaja que no siempre resulta visible. No necesariamente recibieron grandes cantidades de dinero ni un negocio completamente preparado. En algunos casos, la herencia más importante fue una manera de pensar. Aprendieron que los problemas pueden convertirse en oportunidades, que las oportunidades requieren acción y que las empresas son construidas por personas que, en algún momento, decidieron intentar algo que todavía no existía.

Quizá esta sea la razón más profunda por la que el emprendimiento parece transmitirse entre generaciones. Las familias no solamente transmiten recursos materiales. Transmiten posibilidades imaginadas. Un niño que crece viendo a alguien construir, administrar y transformar una empresa puede incorporar la idea de que él también posee la capacidad de crear. Posteriormente, esa idea puede combinarse con su personalidad, sus conocimientos, sus experiencias y las circunstancias de su vida.

El espíritu emprendedor no está determinado exclusivamente por el ácido desoxirribonucleico, pero tampoco puede separarse completamente de la biología. No procede exclusivamente de la familia, pero la familia puede ejercer una influencia poderosa. No depende solamente de la educación, aunque el aprendizaje es fundamental. No surge únicamente de una oportunidad, aunque sin oportunidades muchas capacidades permanecen sin desarrollarse.

El emprendimiento es el resultado de una compleja convergencia entre predisposición y experiencia, entre individuo y ambiente, entre características heredadas y conductas aprendidas. Por eso, cuando una persona procedente de una familia emprendedora crea su propio negocio, puede estar expresando simultáneamente múltiples historias: una parte de su biología, una parte de su educación, una parte de los ejemplos que observó y una parte de las decisiones que tomó por sí misma.

En otras palabras, es posible que ciertas predisposiciones relacionadas con el emprendimiento tengan raíces en el material genético. Pero el verdadero espíritu emprendedor se desarrolla durante toda una vida. Se forma observando, aprendiendo, experimentando, equivocándose y decidiendo. Puede comenzar en el ácido desoxirribonucleico, puede fortalecerse en la familia y puede convertirse en una realidad mediante la acción.

Quizá por eso, cuando se observa a una familia en la que varias generaciones han creado negocios, no debería preguntarse solamente qué heredaron. También debería preguntarse qué vieron, qué aprendieron, qué posibilidades consideraron normales y qué ideas sobre el trabajo comenzaron a formar parte de su manera de comprender el mundo. La respuesta probablemente no se encuentre en un único lugar. Estará distribuida entre la biología, la experiencia, la cultura familiar y la libertad de cada individuo para decidir qué desea construir con aquello que ha recibido.

 

 

 


M.R.E.A.

Administración desde Cero

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