El gerente debe ser buen comunicador
El ejercicio de la gerencia implica coordinar voluntades humanas, organizar recursos y orientar acciones colectivas hacia objetivos definidos. Dentro de ese proceso, la comunicación constituye uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales se construye la actividad organizacional. Desde una perspectiva científica de las ciencias administrativas, la comunicación no debe entenderse únicamente como el acto de hablar o transmitir información de manera superficial; más bien se trata de un proceso complejo de intercambio simbólico mediante el cual los individuos generan, transmiten, interpretan y reconstruyen significados. Por esta razón, el gerente debe ser necesariamente un comunicador competente, ya que prácticamente todas las funciones directivas dependen directa o indirectamente de la capacidad de transmitir y comprender significados de manera efectiva.
La gerencia se fundamenta en la toma de decisiones, y la toma de decisiones depende inevitablemente de la información disponible. En términos organizacionales, la información no surge de manera espontánea ni se encuentra aislada; es producto de procesos comunicativos que permiten recolectar datos, interpretarlos y compartirlos. Un gerente que no domina la comunicación difícilmente podrá obtener información confiable de sus colaboradores, comprender la realidad operativa de la organización o analizar adecuadamente las variables que afectan al entorno institucional. La comunicación, en este sentido, actúa como el sistema circulatorio del organismo organizacional: permite que el conocimiento fluya desde los niveles operativos hacia los niveles directivos y viceversa. Sin ese flujo de información, la dirección se vuelve intuitiva, incompleta o incluso errónea.
Además, una vez que se toman decisiones estratégicas o operativas, dichas decisiones necesitan ser transmitidas a las personas encargadas de ejecutarlas. Una decisión que no se comunica es, en términos prácticos, una decisión inexistente dentro de la organización, porque los miembros de la institución no pueden actuar en función de aquello que desconocen. Por lo tanto, el gerente no sólo debe decidir correctamente, sino también comunicar con precisión qué se decidió, por qué se decidió, cómo debe ejecutarse la decisión y cuáles son las responsabilidades específicas de cada miembro del equipo. La claridad comunicativa evita ambigüedades, reduce la incertidumbre y facilita la coordinación del trabajo colectivo.
Desde la perspectiva de la teoría de la comunicación, el proceso comunicativo no se limita a la simple transmisión de datos. La comunicación auténtica implica dos componentes esenciales: la transferencia de significados y la comprensión de dichos significados por parte del receptor. Esto significa que no basta con emitir mensajes; es indispensable asegurarse de que el receptor los interprete de manera adecuada. En el contexto organizacional, esto adquiere una importancia extraordinaria, porque las interpretaciones incorrectas pueden generar errores operativos, conflictos laborales o ineficiencias administrativas. Cuando un gerente comunica instrucciones, objetivos o políticas institucionales, debe considerar no sólo lo que desea decir, sino también cómo será interpretado por quienes reciben el mensaje.
Por esta razón, la eficacia comunicativa del gerente depende tanto de la claridad de la expresión como de la capacidad de verificar la comprensión del mensaje. En términos cognitivos, cada individuo interpreta la información a partir de sus experiencias previas, su formación profesional, su contexto cultural y su posición dentro de la organización. Un mismo mensaje puede adquirir significados distintos dependiendo del receptor. El gerente competente reconoce esta diversidad interpretativa y procura adaptar su comunicación al nivel de comprensión, lenguaje y contexto de sus interlocutores.
Un elemento particularmente relevante en el estudio científico de la comunicación gerencial es la diferencia entre comprensión y aceptación del mensaje. En muchas ocasiones, los individuos que ocupan posiciones de autoridad tienden a asumir que la comunicación ha sido exitosa únicamente cuando los demás aceptan o aprueban sus ideas. Sin embargo, desde el punto de vista conceptual, la aceptación no constituye un criterio válido para evaluar la calidad de la comunicación. La verdadera comunicación ocurre cuando el receptor comprende con claridad el significado del mensaje, incluso si posteriormente decide no estar de acuerdo con él. En otras palabras, la discrepancia intelectual no implica necesariamente un fracaso comunicativo. Un colaborador puede entender perfectamente la decisión del gerente y, aun así, considerarla inadecuada o expresar una opinión distinta.
Reconocer esta distinción resulta fundamental para la práctica gerencial, porque permite fomentar ambientes organizacionales donde el intercambio de ideas sea abierto y constructivo. Cuando el gerente comprende que la comunicación no busca imponer la aceptación inmediata, sino asegurar la comprensión mutua, se favorece la generación de diálogo, la retroalimentación y el pensamiento crítico dentro del equipo de trabajo. Estas condiciones contribuyen al aprendizaje organizacional y a la mejora continua de los procesos.
Otro aspecto que demuestra la importancia de la comunicación en la gerencia es que toda acción directiva comunica algo, incluso cuando no se emiten palabras. En el comportamiento organizacional se reconoce que los individuos transmiten significados a través de múltiples canales, tales como el lenguaje verbal, el tono de voz, las expresiones faciales, la postura corporal, la forma de tomar decisiones e incluso el silencio. El gerente, por tanto, comunica constantemente mediante su conducta cotidiana. La manera en que responde a un problema, el modo en que escucha a sus colaboradores o la rapidez con la que atiende una solicitud envían mensajes implícitos acerca de los valores, prioridades y expectativas de la organización.
Esta dimensión simbólica de la comunicación tiene un impacto significativo en la cultura organizacional. La cultura de una institución se construye, en gran medida, a partir de los significados compartidos entre sus miembros. Los gerentes, como figuras de autoridad y referencia, influyen decisivamente en la formación de dichos significados. A través de su comunicación, pueden fortalecer valores como la cooperación, la responsabilidad, la transparencia o la innovación. Por el contrario, una comunicación deficiente puede generar confusión, desconfianza o desmotivación entre los trabajadores.
Asimismo, la comunicación desempeña un papel central en la coordinación de las actividades laborales. Las organizaciones modernas funcionan mediante redes complejas de interdependencia entre diferentes áreas, departamentos y niveles jerárquicos. Para que estas interdependencias operen de manera eficiente, es necesario que exista un intercambio constante de información entre los miembros de la organización. El gerente actúa como un nodo central dentro de estas redes comunicativas, facilitando el flujo de información entre distintas unidades organizacionales. Cuando la comunicación es clara y oportuna, se reducen los errores, se optimiza el uso de los recursos y se incrementa la productividad.
Desde una perspectiva más amplia, es posible distinguir dos dimensiones principales de la comunicación en el ámbito gerencial: la comunicación interpersonal y la comunicación organizacional. La comunicación interpersonal se refiere al intercambio directo de mensajes entre individuos, ya sea mediante conversaciones cara a cara, reuniones, llamadas o mensajes escritos. Esta forma de comunicación permite al gerente establecer relaciones de confianza con sus colaboradores, comprender sus necesidades, motivarlos y resolver conflictos. La calidad de estas interacciones influye profundamente en el clima laboral y en el compromiso de los trabajadores con los objetivos institucionales.
Por otro lado, la comunicación organizacional comprende el conjunto de estructuras, canales, redes y sistemas mediante los cuales circula la información dentro de la institución. Incluye los procedimientos formales, como informes, memorandos, reuniones estructuradas o sistemas digitales de gestión, así como los flujos informales de comunicación que surgen espontáneamente entre los miembros de la organización. El gerente debe comprender cómo funcionan estas redes comunicativas para asegurar que la información relevante llegue a las personas adecuadas en el momento oportuno.
M.R.E.A.











